La virtud de la Fortaleza

Publicado: mayo 2, 2012 en Espiritualidad
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La fortaleza es la “virtud cardinal infundida con la gracia Santificante que enardece el apetito irascible y la voluntad para que no desistan de conseguir el bien arduo o difícil ni siquiera por el máximo peligro de la vida corporal”.

Es la “disposición para realizar el bien, a costa de cualquier sacrificio y venciendo todas las dificultades”.

Dicho en otras palabras, la fortaleza “es una virtud sobrenatural que da fuerzas al alma para correr tras el bien difícil, sin detenerse por el miedo ni siquiera por el temor de la muerte”.

Los actos de la fortaleza son dos: emprender cosas arduas y soportarlas. Emprender es acometer, tomar el camino del bien para vencer, intentarlo, y tener la valentía para encararlo. Y soportar es tener a su vez la fuerza y la paciencia para resistir, tolerar y sobrellevar todas las dificultades y los sufrimientos, aunque sea la muerte.

La sociedad moderna está tan intoxicada moralmente y nos contraría tanto el sentido común que el obrar diariamente según la virtud se ha vuelto una empresa heroica. Hoy hacen falta virtudes heroicas para resistir a la propuesta general que nos impone la revolución anticristiana desde los medios de comunicación, los colegios, las universidades y las expresiones culturales de todo tipo.

Para educar en la fortaleza a los jóvenes habrá que insistir en inculcarles desde la infancia infinidad de actos pequeños. Habrá que escuchar llorar a la niña en vez de comprarle la décima muñeca que acaba de salir (aunque sea más fácil para nosotros comprársela) pero mucho más formativo y provechoso para ella quedarse sin ella. Habrá que negarse a cebarlo con caramelos para que se quede tranquilo y no grite, habrá que dejarlo a la hora de dormir en su dormitorio con las luces apagadas y no con toda una batería de luces para que no tenga miedo, habrá que enseñarles a comer lo que tienen delante y de todo y no “elegir” sólo lo que les gusta, etc.

Estos pequeños renunciamientos, de los cuales la vida cotidiana está llena, ordenan toda la vida de un niño y lo preparan para pruebas mayores que tal vez los esperen y habrá que poder superarlos virilmente. Ese era el sentido de la famosa frase que se decía antaño a los varones desde pequeños “los hombres no lloran”… En realidad los hombres pueden y deben llorar legítimamente sus tristezas cuando la causa lo valga. Tiene derecho a hacerlo. Lo que se trataba de transmitirles con estas palabras era un mensaje de fortaleza. De darles ánimo para desarrollar esa capacidad de mantener el dominio de sí frente a la adversidad, por sunatural función de protector a la que el varón está llamado.

Como cabeza de familia a futuro, el varón deberá tener desarrollado el ejercicio de la fortaleza, para permanecer fuerte y transmitir seguridad a su alrededor. De saber sacar de circulación las grandes preocupaciones para resguardar la tranquilidad del ambiente familiar tan necesario para que los niños crezcan felices. Todos los niños deberían poder sentir esa maravillosa experiencia de la infancia que es cuando uno siente que su padre es el hombre más poderoso de la tierra…Y para esto hay que ser fuertes. La vida presenta muchos embates. Y quienes están llamados a estar al frente de (ya sea de una familia, de una comunidad religiosa, de una institución o de un país) tendrán que estar preparados para enfrentarlos. Y la fortaleza no se improvisa en la vida adulta, se debe ejercitar desde la niñez.

Pensemos en actos sencillos como:
Ofrecer y llevar nuestras penas y sufrimientos diarios en silencio y hasta con una sonrisa (resistiendo la tentación de hacernos las víctimas continuamente y ante todo el mundo).
No quejarnos por todo, por el frío, el calor, la humedad, los ruidos, la temperatura del agua, porque la ensalada tiene rabanitos y no nos gustan, por cada pequeña incomodidad.
Dominar el sueño, el cansancio, la rotura del auto, las inclemencias del tiempo (que contradicen nuestros planes).

Controlar nuestras ganas de reaccionar ante todos los comentarios vanos y superficiales que nos toca soportar (producto muchas veces de las limitaciones del prójimo).
Aceptar la llegada de una vida nueva (aún dentro del matrimonio bien constituido) en una sociedad que la condena.

Para después pasar a otros ya no tan sencillos como:
Saber guardar un secreto o confidencia sin sentir la necesidad imperiosa de levantar el teléfono y contárselo a todos. Muchas veces la vida nos presentará situaciones en las cuales deberemos guardar confidencias que nos habrán hecho corazones desbordados (pero que confiaron en nosotros) que debiéramos saber llevar hasta la tumba. Como: un tercer hijo que no es hijo de su aparente padre sino de un amante de su madre, una homosexualidad que no es conocida públicamente, una violación que ha sufrido una persona pero que quiere conservar como su secreto, etc. Ser capaces de romper una relación o noviazgo cuando no conviene o sabemos que no funciona y saber mantenernos firmes, con dignidad, sin llamar desbordados todos los días por teléfono o mandar docenas de mensajitos por el celular…

Conservar y defender la virginidad como Dios nos manda aunque la propuesta general sea de mofa y burla ante nuestros valores cristianos. Aceptar las contrariedades y lo que pueda ocurrirnos con fortaleza porque puede resultar una cruz muy pesada a través de toda la vida como: tener una mujer que resultó ser una haragana y no se hace cargo del hogar, que no sabe administrarlo y malgasta el sueldo de su marido. Una madre que descuida enormemente la educación de sus hijos y que obliga al padre a un doble esfuerzo (a hacer de padre y madre) durante años. Un marido que no se hace cargo de la responsabilidad de sostener su hogar, que tira el dinero en el juego o en sus gustos y caprichos desprotegiendo y rifando la seguridad de los suyos generando una enorme inestabilidad, etc. Un jefe con dinero pero indigno e incapaz que da órdenes caprichosas y humillantes pero que debemos soportar para llevar el sustento a nuestro hogar. Un superior de una comunidad religiosa a quien cuesta respetar por su conducta indebida pero que el voto de obediencia nos lo exige, etc.

Todas estas situaciones van surgiendo en las vidas de las personas. De ahí que debamos educar en el esfuerzo, en los proyectos que deben defenderse y llevarse a cabo (no los que se abandona en el camino) y estimular a los jóvenes a proponerse metas pequeñas pero reales que, aunque les cueste, valdrán la pena. Toda meta debe ser proporcionada para que sea atractiva, (como levantarse cuando suene el despertador, bañarse aunque el agua no esté lo caliente que quisiéramos, comer la comida aunque le falte sal) pero saber que nada valioso se consigue sin una enorme cuota de esfuerzo y superación personal, y que comienza desde el ejercicio de lo pequeño.

Por el contrario, “malcriar” es, como la palabra indica, criar mal. Es no limitar los deseos, es dar la impresión a un ser desde la infancia, de que todo le está permitido y a nada está obligado. La persona que crece en este desorden ni se fortalece ni adquiere la experiencia de sus propios límites.

Presionando desde la adolescencia sólo sobre sus derechos y no tomando en cuenta sus obligaciones (y mucho menos los derechos del prójimo) llega a creer que sólo él existe, y se acostumbra a no obedecer ni someterse a los demás, a no considerar a nadie como superior, con más jerarquía y autoridad. Si criamos mal, consintiendo en los caprichos, estaremos cercando a la persona en sí misma y construyendo futuros monstruos de egoísmo.

“La supresión de las obligaciones y de las contradicciones exteriores entrega al hombre a la tiranía de lo que hay de menos humano en él: sus apetitos inferiores, sus caprichos y, lo que es peor aún, su repugnancia al esfuerzo, que le sumen en un estado de indiferencia y de aburrimiento”. (2) Recordemos que la felicidad es una puerta que se abre hacia fuera, hacia los demás. Leamos con voluntad de comprender este profundísimo texto que nos describe hasta qué punto es necesaria la fortaleza para prepararse a poder permanecer de pie como personas ante los embates de la vida.

…El cristiano necesita fortaleza. Jesús no lo disimula ni nos engaña y sentencia: “el que quiera ser mi discípulo que tome su cruz y que me siga”. Jesús te invita a que le sigas por el camino del Calvario; y allá en la cumbre, junto a la cruz suya, te enseñará la tuya también. Los mandamientos son cruz. El matrimonio es cruz. La vida religiosa es cruz. El cumplimiento del deber, sea cual sea, es cruz. Toda la vida cristiana vivida según Dios es cruz y es martirio.

Y la perfección cristiana una cruz incomparablemente mayor. Para emprender el camino, para no desfallecer en él hasta la muerte, hace falta mucha fortaleza. Para escalar las cumbres de la santidad, la fortaleza tiene que ser heroica. Si quieres vivir cristianamente tendrás que vencer grandes dificultades. Las pasiones que se rebelan contra la ley de Dios. El demonio que dará asaltos furibundos. El respeto humano que hay que pisotear muchas veces: las burlas de las personas mundanas, el temor de desagradar a los amigos. La perfidia de los enemigos. Las molestias de los indiferentes. De cuando en cuando, una tormenta inesperada, que sacude el árbol, como si quisiera arrancarle de raíz.

Tienes que ser fuerte como el cedro del Líbano. Para eso te da Jesucristo la virtud de la fortaleza. El cedro es símbolo de la fortaleza por su resistencia a la acción demoledora del tiempo y a la violencia de los huracanes. ¿Cuál es la causa de esa fortaleza?

Resiste a la acción del tiempo porque su madera es incorruptible. Por esta cualidad del cedro, las joyas y los objetos preciosos se guardan en cajas de cedro, las estatuas se hacen con madera de cedro; el que quiera asegurar una existencia larga a un objeto lo fabricará con madera de cedro. Por todos los vasos de esa madera corre un óleo precioso que preserva de la caries y la polilla. Acaso es también fuerte el cedro porque sus hojas respiran el aire puro de las montañas y sus raíces beben el agua pura de la nieve que le rodea.

Se dice que la pureza es fuente de fortaleza. La Virgen fue la más fuerte porque fue la más pura. Exenta de todo pecado. Por sus venas corría sangre pura sin ardores de concupiscencia. En el Monte Calvario, durante la tormenta desencadenada por los pecados de los hombres, junto a la cruz de Jesús estaba su Madre, Reina de las vírgenes, y un solo discípulo, Juan, el discípulo virgen también… Cuanto más puras son las personas más fuertes son para soportar las penas del alma y los dolores del cuerpo… La fortaleza del cedro para resistir los vendavales y las tormentas, proviene también de sus raíces. Las raíces del cedro penetran profundamente en las entrañas de la tierra y se agarran como brazos de acero a la roca viva. Los vientos las sacuden, pero no le arrancan. Esas raíces profundísimas absorben el jugo de la tierra y con él alimentan y robustecen las vigorosas ramas para que ellas también resistan la furia de los vendavales.

Ahí está el secreto de la fortaleza de la Virgen… las raíces profundas de su fe… ¡Qué pocos cedros hay entre los hombres! Abundan más las cañas superficiales y quebradizas. La razón es porque no hay convicciones arraigadas en las almas. Los motivos de orden natural que son estímulos para obrar bien, qué fácilmente se resquebrajan: la dignidad humana, el buen nombre de la familia… Pero las raíces consistentes son los motivos sobrenaturales. El temor del castigo divino. La esperanza de un premio eterno… El amor agradecido a Jesucristo. Estas son las raíces profundas que sostienen al alma cuando la tormenta la sacude y el sufrimiento la ahoga. Pero estas raíces tienen que alimentarse con la meditación honda y constante de las verdades sobrenaturales.

La vida se va haciendo cada vez más superficial. Se vive de impresiones, no se vive de convicciones; y las impresiones son inestables. Cuanto más se fomenta la vida de los sentidos, menos abundan las almas de vida interior. Hay pocas personas que mediten; por eso hay pocos cedros robustos y muchas cañas que se quiebran con un viento ligero.”

MADRID, 20 Dic. 11 / 08:31 am (ACI)

Un joven escultor presentó recientemente un monumento al niño no nacido, que permite ver el dolor y el arrepentimiento de las madres que se someten a un aborto, y el perdón del nuevo ser a quien no se le permitió vivir.

La escultura del joven escultor eslovaco Martin Hudáčeka fue presentada el pasado 28 de octubre en Eslovaquia. La idea de la obra surgió de un grupo de mujeres jóvenes madres que conscientes del valor de la vida y del inmenso daño que ocasiona el aborto.

Forum Libertas en España cita a Carmen Bellver, que en su blog titulado “Diálogo sin fronteras” en Periodista Digital afirma que el niño de la escultura “parece esculpido en cristal, mientras se arrodilla a su lado una madre arrepentida que se representa en piedra”.

“Materiales por sí mismos bastante metafóricos. A su vez el niño levanta la mano sobre la cabeza inclinada de su madre, en un gesto de amor filial”, añade.

Para Bellver, hablar del aborto en un país como Eslovaquia con un promedio de natalidad de 1,33 hijos por mujer,” es bastante representativo de cómo algunos países han caído en la cuenta del invierno demográfico que les golpeará en apenas dos décadas”.

A la inauguración de la obra acudió el ministro de Salud de Eslovaquia.

La foto del monumento al no nacido ha sido ampliamente divulgada a través de las redes sociales como Facebook, en donde los que defienden la vida la promueven para concientizar a las personas sobre este derecho inherente a todos, desde la concepción hasta la muerte natural.

El aborto provocado es la eliminación o asesinato de un ser humano dentro del vientre de la madre.

La doctrina católica y la ley natural coinciden en que nunca tiene justificación pues nadie tiene derecho a decidir sobre la vida de otra persona, menos la de los más débiles e inocentes; los no nacidos.

Guayaquil, 30 nov (Andes).-El presidente de la república, Rafael Correa,  pidió al Servicio de Rentas Internas (SRI), que se analice la posibilidad de eliminar los aranceles para la importación de computadoras para uso corporativo y personal.

El mandatario durante el conversatorio que mantuvo en la ciudad costera de Guayaquil con los medios de comunicación, señaló que debe revisarse esta medida en un proceso digitalización para capacitar a la población.

“Queremos salir del subdesarrollo, tenemos que tener tecnología, pues en el siglo XXI quien no maneja el Internet será analfabeto. Por eso estamos en una campaña de alfabetización digital”, aseguró el mandatario.

La intención del régimen es que la mayor parte de la población tenga acceso a un computador y pueda obtener conocimiento en el manejo y funcionamiento de los ordenadores. La propuesta deberá analizarla el SRI por un pedido del jefe de Estado ecuatoriano.

La virtud de la Templanza

Publicado: noviembre 18, 2011 en Espiritualidad
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La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales. “Una virtud sobrenatural que modera la inclinación a los placeres sensibles, especialmente del tacto y del gusto, conteniéndola dentro de los límites de la razón iluminada por la fe”. 

Dicho de otra manera, consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos sujetándolos a la razón.

Nos conduce a evitar toda clase de excesos ya sea en la comida, en la bebida, en el tabaco, en los medicamentos, en nuestras reacciones ante las contrariedades, en la sexualidad o aún en el descanso. Este dominio de sí interior se reflejará en nuestra reacción ante los embates de la vida y en el uso y posesión de las cosas con calma y serenidad. Nos lleva a prescindir de lo innecesario.

Por medio de la templanza yo me mantengo firme y sereno. Todo lo que está dentro de límites se serena, transmite seguridad. Un jardín cercado es uno de los lugares más tranquilos y descansado en el mundo. De igual modo, si el alma del hombre se conserva dentro de ciertos límites, adquiere seguridad de saber que es lo que puede y lo que no y cuál es el lugar que realmente le pertenece. La templanza nos lleva a permanecer sin alterarnos ante las rigurosidades del clima, del frío, del calor, de la sed, hasta del hambre. Si me despojan por ej: de la fama por una calumnia, haré lo que esté a mi alcance para defenderla, pero mi reacción será racional y objetiva y no emocional ni descontrolada. Deberíamos poder comer todos los días, pero si un día no pude almorzar porque tuve que terminar un trabajo o dedicarle un tiempo extra a una persona que me necesitaba, no debiera alterarme por ello. En todos los órdenes, la templanza nos lleva a la moderación, a la mesura, al dominio de sí y a la sobriedad.

“Templanza es señorío” decía San José María Escriba de Balaguer y a continuación: “No todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer”. Algunos no desean negar nada al estómago, a los ojos, a las manos; se niegan a escuchar a quien aconseje vivir una vida limpia… La templanza no supone limitación sino grandeza, pues cría el alma sobria, modesta, comprensiva: le facilita un natural dominio que es siempre atractivo, porque se nota en la conducta el señorío de la inteligencia. Hay mucha más privación en la destemplanza, en la que el hombre abdica de sí mismo”.